La ciencia tiene rostro de mujer. Raúl Mendoza. Domingo, 24 de agosto de 2014

Fuente: La República

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Gisella Orjeda es presidenta del Concytec y una científica que retornó al Perú después de trabajar en importantes laboratorios del mundo. Desde su actual cargo busca que el Perú camine hacia el desarrollo formando a la nueva generación de ‘mentes brillantes’ que necesitamos.

Desde muy chica, Gisella Orjeda fue una lectora voraz. Aprendió a leer a los 3 años y a partir de entonces se sumergió en los libros y enciclopedias que le compraban sus padres. Ellos la alentaron siempre. Con esas lecturas empezó a desarrollar su conocimiento –la curiosidad por saber cómo funcionaban las cosas– y también llegó a la certeza de que las explicaciones deben basarse en evidencias. Nació con espíritu científico. 

“El interés por la ciencia vino conmigo, empaquetado. Desde chica quería ser científica y, además, científica loca”, cuenta. Muy temprano empezó a preguntarse cómo habíamos llegado aquí, de dónde veníamos, cómo se había formado todo esto que es nuestro planeta. Casi al mismo tiempo descubrió que las explicaciones que le daban a esos temas en el colegio católico donde estudió no eran satisfactorias. “Es que no tenían evidencias”, dice. No creía en explicaciones religiosas y eso se ha mantenido hasta ahora.

Sentada en el sofá de la sala de su departamento –cerca del mar de Miraflores– recuerda que nunca fue la más chancona del salón, porque le parecía aburrido tratar de ser la mejor. Nunca, sin embargo, tuvo problemas con los estudios. No era de las que se pasaban largas horas estudiando, porque siempre tuvo memoria casi fotográfica. Recordaba con mucha facilidad las explicaciones de los profesores y las cosas que leía.

Hoy Gisella Orjeda es presidenta del Consejo Nacional de Ciencia,Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec) y desde hace muchos años una respetada científica con numerosas investigaciones en genética de las plantas. Desde su actual cargo busca impulsar el desarrollo científico y tecnológico del país, invirtiendo en los científicos que necesitamos. “En el Concytec recogemos las necesidades de los distintos sectores e instituciones, y las ordenamos. De ahí sale lo que es prioritario para el Perú”, explica. 

Trayectoria científica

Gisella Orjeda estudio biología en la Universidad Nacional Agraria, hizo una maestría en mejoramiento genético de plantas y obtuvo su Ph.D en genética en la Universidad de Birmingham en 1995. Su hoja de vida indica que vivió diez años en Francia y ahí trabajó en algunos de los más importantes laboratorios. 

“Salí con la idea de ver lo máximo para traer lo máximo. Quienes hemos tenido el privilegio de tener una educación de alto nivel tenemos una responsabilidad con el país”, dice con voz pausada. Como parte de un programa de repatriación impulsado por la Universidad Peruana Cayetano Heredia y el Concytec, ella retornó el 2005 para establecer la primera Unidad de Genómica en el Perú, que funcionaría en las instalaciones de la UPCH.

Fue la primera científica que volvió por el citado programa de repatriación. Cuando recibió la propuesta aún trabajaba en el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) de Francia, en la clonación de un gen que le diera resistencia a los melones contra los virus. “El programa de la Cayetano implicaba que durante dos años el científico que retornaba solo dedicaba el 5% de su tiempo a clases y el resto del tiempo lo dedicaba a montar su grupo de investigación, escribir proyectos y conseguir el financiamiento”, precisa. 

Aquí había que empezar de cero. Ese era el reto. Y también buscar que las investigaciones tuvieran impacto en el país. Poco a poco, ella consolidó un buen equipo de investigadores. Su laboratorio llegó a tener 31 personas. Entre muchos proyectos, ella lideró la secuenciación del genoma de la papa en el Perú, una investigación mundial que se publicó en la reconocida revista científica Nature. 

Buscando científicos

En octubre del 2012, el gobierno le encargó la presidencia del Concytec y desde entonces está dedicada a que la ciencia, la tecnología y la innovación se ubiquen en la agenda pública. Cuando asumió el cargo el presupuesto era apenas de quince millones de soles. “El 2013 el presupuesto fue de 45 millones de soles y ejecutamos el 98%. Este año es más y vamos a ejecutar el 100%”, afirma.

A comienzos de año Orjeda le puso cifras a nuestras carencias en el tema de ciencia: el Perú cuenta con solo mil 800 científicos y necesitamos por lo menos 17 mil profesionales que “con sus investigaciones contribuyan a darle sostenibilidad al sector económico-productivo del país”.

Concytec tiene un fondo de 267 millones de soles para otorgar becas de maestría en universidades peruanas y becas de doctorado en alguna de las 150 mejores universidades del mundo. Otro objetivo del Concytec es contar en breve con un Centro de Excelencia donde irán a trabajar nuestros futuros científicos en las soluciones que el país necesita. 

Ese fondo también servirá para implementar el programa de atracción de talentos peruanos o extranjeros hacia el Perú. “En Harvard, por ejemplo, solo el 30% de los profesores ha nacido en Estados Unidos, el resto son profesionales de todo el mundo”, comenta Orjeda. 

Atraer científicos peruanos o extranjeros al Perú no será fácil. “Hay que hacer cambios para que puedan encontrar un ambiente donde puedan trabajar sin problemas”, explica la jefa de Concytec. Hace unos años, por ejemplo, un investigador destacado regresó al país y estuvo trabajando seis meses sin salario. Y en la Universidad San Cristobal de Huamanga un grupo de investigadores se demoró tres años para poder comprar un secuenciador que costaba 70 mil dólares.

“Si queremos atraer científicos de fuera debemos asegurarles un contrato conveniente y la posibilidad de tener el equipamiento adecuado. Para eso hay que resolver cuestiones normativas como la ley de contratación de personas o las compras en el Estado. Confío en que tendremos el apoyo del Presidente para traer personal calificado a diferentes niveles”, explica.

Desde que llegó al Concytec, Gisella Orjeda prácticamente no tiene horas libres. “Llego a mi casa a las 10 de la noche, ceno algo y caigo desmayada”, dice en broma. Hace dos años que no puede leer como antes, ni hacer deporte, ni cocinar, algo que siempre le ha gustado hacer. “He dejado mi vida para dársela al Concytec y al país”, afirma. Que su esfuerzo valga la pena.

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