De la transparencia a la gobernanza. Humberto Campodónico. La República. Lunes, 21 de julio de 2014

Fuente: La República

Los países que tienen riquezas provenientes de recursos naturales no renovables enfrentan una oportunidad, pero también un desafío. Cuando se usan bien, estos recursos pueden crear mayor prosperidad para las generaciones actuales y futuras; si son mal utilizadas o malgastadas, pueden causar inestabilidad económica, conflictos sociales y un daño ambiental duradero.

Lo dicho es el punto de partida de toda la temática de las actividades extractivas para aquellos países ricos en recursos naturales (PRNN). Es el caso del Perú, que ha tenido, y sigue teniendo, varios ciclos de actividades extractivas en su historia : el guano, el caucho, la minería y, luego, el petróleo.

La “lluvia” de dinero casi siempre abarata la moneda extranjera, propiciando importaciones crecientes; puede generar corrupción en los funcionarios y, también, la llamada “pereza fiscal”: las autoridades se sientan a esperar la llegada del cheque que financia sus ingresos y gastos. De allí a afirmar que algunos de estos países son “Estados fallidos”, no hay más que un paso.

Estos temas han generado preocupación en organizaciones como la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas, de Nueva York. Desde su creación en el 2002, RWI (por sus siglas en inglés) se dedicó a fomentar la transparencia en los pagos de las empresas mineras y petroleras a los gobiernos, apoyando la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI), lanzada en la misma época por el Primer Ministro inglés, Tony Blair.

El principio es simple: si las compañías dicen que pagan X dólares a los gobiernos y estos dicen que reciben la misma cantidad, se reduce el campo de la corrupción. Los países que se afilian al EITI (el Perú es miembro pleno) publican todos los años la “conciliación” de lo declarado por las partes.

El RWI también apoyó la promulgación de la Ley Frank-Dodd en el 2011 en EEUU, que establece que todas las empresas mineras y petroleras deben publicar, de manera desagregada, país por país y proyecto por proyecto, todos sus ingresos y egresos. El año pasado la Unión Europea aprobó un proyecto similar. Ahora la mayoría de empresas debe cumplir estas normas.

Siendo muy importante, la transparencia no agota la problemática, pues los ingresos pueden malgastarse. El tema se traslada entonces al campo de las políticas económicas y fiscales, así como a la calidad de las instituciones.

Desde hace ya dos décadas se alertaba sobre la “maldición de los recursos naturales”. En 1995 Jeffrey Sachs y Andrew Warner demostraron que muchos PRNN crecían menos que los no los tenían. Terry Lynn Karl, en “La paradoja de la abundancia” (1997), describió claramente cómo los petrodólares propician un crecimiento superficial, “de escaparate”, que a la vez corroe las instituciones del Estado.

Más adelante, desde la Universidad de Oxford, Paul Collier planteó que “la maldición” no era un pecado original que caía, sí o sí, a todos los PRNN. Se afirmó que el tema central era la “gobernanza”, el buen gobierno, donde las instituciones tienen un rol clave.

Estos planteamientos abarcaron una amplia gama de individuos e instituciones cuyo objetivo es compartir con los gobiernos y las sociedades toda una gama de políticas que desemboquen en el desarrollo sostenible. En el 2011 se publicó la “Carta de los Recursos Naturales”, que entiende que esta actividad no se limita a su extracción, pues existe una “cadena de decisiones económicas”, que va desde las condiciones que rigen los contratos petroleros y las concesiones mineras, las normas tributarias, la forma de distribución nacional y sub-nacional, hasta su uso adecuado a nivel macro y micro económico.

El mes pasado, el RWI y la Carta de los Recursos Naturales se fusionaron y crearon el Instituto para la Gobernanza de los Recursos Naturales (NGRI, en inglés), para aprovechar sus sinergias: una proviene de la sociedad civil con políticas de transparencia y la otra viene de la academia, con el enfoque integral de la “cadena de decisiones económicas”, asentada fuertemente en la “gobernanza” (1).

Los avances logrados por estas dos instituciones, así como otras que también se interrogan e interesan en la problemática de los recursos naturales, han propiciado la existencia de nuevos enfoques a nivel global, como aquellos del FMI y del Banco Mundial (tema de un próximo artículo), la Visión Minera del África (adoptada por Unión Africana) y planteamientos recientes de Naciones Unidas y de la CEPAL.

Ahora que el “super ciclo” de altos precios está terminando (aunque no se prevé, aún, que los precios retornen a los bajos niveles de hace 10 años), estamos todavía a tiempo de lograr una buena gobernanza de los recursos naturales (miremos lo que está pasando aquí y ahora en el Perú, donde la corrupción se ha dado en el uso de los recursos y no han funcionado las instituciones preventoras).

Se ha desperdiciado mucho tiempo con la política del “piloto automático”. Es hora de cambiar de rumbo, enfocarnos en la gobernanza y, a la vez, diversificar la estructura productiva para no seguir siendo dependientes –y vulnerables– de los precios internacionales de los recursos naturales. Y de la industrialización de otros, como la China.

(1) Pertenezco al Comité Asesor de la organización fusionada.

 

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