Emprendedurismo 2.0. Mario Sifuentes. La República. Miércoles, 07 de mayo de 2014

Fuente: La República

Start-Up es uno de los términos de moda en Internet. Y en el Perú, un país en el que resulta inimaginable que el Estado juegue algún tipo de rol en el bienestar de la gente, ha surgido una cultura de “emprendedurismo” que ha calzado a la perfección con la movida global de las start-ups.

¿Pero qué es una start-up? Es una compañía de arranque, incipiente, que busca arrancar (“emprender”) un nuevo negocio, en el que las tecnologías de la información resultan cruciales. Existen sobre la idea de que las nuevas tecnologías generan oportunidades de negocio absolutamente nuevas. Son negocios basados en el peer-to-peer (vinculaciones entre pares) o long tail (el gran mercado de demandas de los múltiples nichos que habitan las redes). Están seguros de que la popularización de los smartphones y el e-commerce harán que los procesos complicados sean más fáciles de realizar. La gracia: son empresas de capital-riesgo cuyo retorno de inversión es ridículamente alto.

Amazon, eBay o, más recientemente, Groupon y Dropbox son ejemplos clarísimos de start-ups millonarias. El sueño, por supuesto, es producir el próximo servicio online que revolucione la vida de la gente y, de paso, haga mucho dinero.

Perú es un país líder en productoras de start-ups. Sólo en las dos primeras ediciones de la versión peruana de Wayra, la aceleradora de start-ups de Telefónica, se presentaron 2500 proyectos. Este año, el Ministerio de la Producción lanzó Start Up Perú, una convocatoria para acceder a financiamientos de hasta 137 mil soles y se presentó una cantidad similar de proyectos.

De estas canteras han salido proyectos exitosos como Cine Papaya o Plaza Points. Por supuesto, no es un prerrequisito pasar por estas aceleradoras para tener éxito.

Fuera del sistema local, desde el mismísimo Silicon Valley, los hermanos peruanos Emerson y Amadeus Malca desarrollaron el organizador inClass, una aplicación dirigida para estudiantes universitarios pero que está siendo utilizado por distintos tipos de público para organizarse. También está iBrasil, la aplicación para seguir el Mundial, creada por Mariano Patiño-Paul, un adolescente de 14 años.

Y, por supuesto, también está “Life, the Social Network”, quizás la que ha tenido más despliegue mediático, con paneles publicitarios y conferencias de prensa repletas de celebridades que prometían usar una red social/sistema de puntos que, después de meses, aún no está activa. Entrevisté a su creador y me confesó que, cuando tenga unas 300 mil personas registradas, piensa ir a los Estados Unidos a buscar inversionistas para “destronar” a Facebook.

O sea, de todo hay en la viña del start-up. El engorroso engranaje estatal peruano alienta los que ofrecen servicios pero sigue sin otorgar facilidades, garantías y estímulo a los que intentan hacer algún tipo de comercio electrónico. De hecho, Perú representa el 1.5% del e-commerce en la región. O sea, nada. Start-Up Perú es un gran primer paso, pero si realmente el Ejecutivo está interesado en dinamizar la economía local, tiene que empezar por adaptar (relajar, eliminar, cambiar) las regulaciones para los emprendedores digitales.

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