Celso Arango: Es posible que estemos medicalizando aspectos de la naturaleza humana como el sufrimiento o la frustración

Fuente: Madri+d

Entrevista a Celso Arango, director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM). Cree que la sociedad debe trabajar para normalizar las enfermedades mentales, que en pleno siglo XXI continuan constituyendo un estigma, así como los medios de comunicación que todavía mantienen un lenguaje y unos tópicos estigmatizantes y peyorativos.

Las estadísticas apuntan a que un 25% de los europeos, 1 de cada 4 personas, va a tener un trastorno mental a lo largo de su vida. La buena noticia es que en la mayoría de estos trastornos son tratables y se terminan por superar, explica Celso Arango, director del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), y jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Pregunta. ¿Cómo podemos definir la salud mental de los españoles?
Respuesta. Estamos en cifras muy similares a las de nuestros vecinos europeos en relación a las tres grandes patologías mentales que causan mayor discapacidad: depresión mayor crónica, esquizofrenia y trastorno bipolar. Las estadísticas apuntan a que un 25% de los europeos, 1 de cada 4 personas, va a tener un trastorno mental a lo largo de su vida. Y si lo pensamos fríamente quién no conoce a alguien que haya tenido depresión o sufra algún tipo de fobia o ansiedad. La buena noticia es que en la mayoría de estos trastornos son tratables y se terminan por superar.

P. ¿Y en el caso de la esquizofrenia, la depresión crónica o el trastorno bipolar, los trastornos más discapacitantes?
R. Se calcula que la esquizofrenia afecta al 1% de la población española; es decir, cerca de medio millón de personas en España sufre esquizofrenia, uno de los trastornos mentales más graves e incapacitantes y sobre el que aún existe una gran falta de información. En cuanto al trastorno bipolar, se estima que hay en España más de 550.000 personas (1,5%), mientras que la depresión es el trastorno mental más frecuente en nuestro país. Se cree que hay una prevalencia de entre el 5 y el 10%, es decir, entre dos y cuatro millones de personas, aunque podría haber muchas más personas afectadas sin diagnosticar. Afortunadamente hay tratamiento y se cura, pero el principal problema con la depresión es que es recurrente y muchas personas tienden a recaer. No hay que olvidar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la depresión será en 2020 la principal causa de discapacidad en todo el mundo.

P. ¿Existen ahora más casos personas con trastorno mental?
R. Confluyen múltiples factores para que hablemos de un aumento de las enfermedades mentales. Por ejemplo, tendríamos un punto de vista equivocado si nos fijamos en el autismo. Aunque no hay datos epidemiológicos precisos, en países como EE.UU. ha pasado de ser una enfermedad ‘rara’, con 1 caso de cada 4.000 niños, a cifras que dicen que hay 1 caso por cada 88 niños. ¡Esto es una barbaridad! Creo que se están diagnosticando niños con dificultad de adaptación social como autistas. A pesar que en todas las enfermedades mentales hay un porcentaje de heredabilidad – del 90% en el autismo, 70% en esquizofrenia, 40% en depresión o 20% en trastornos de las conductas alimentarias-, es cierto que hay factores ambientales que favorecen su desarrollo. Por ejemplo, en esquizofrenia no hay un gen que determine la enfermedad per se, sino que existen factores de riesgo externos, algunos modificables, como tener un embarazo o un parto sin riesgos, que pueden favorecer su aparición. Por eso es importante la prevención primaria y secundaria.

P. Algunos expertos han criticado la última revisión del Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría de los Trastornos Mentales (DSM5) por incluir una nuevas categorías que se prestan a un exceso de celo en el diagnóstico de trastornos mentales ¿Usted no cree que de alguna manera se está medicalizando la propia vida?
R. Es posible que estén externalizando los problemas y estemos medicalizando aspectos de la naturaleza humana como el sufrimiento, los pensamientos negativos, la frustración o la tristeza. Hay una cierta tendencia a ‘echar balones fuera’ y buscar la responsabilidad en los demás. Y tenemos un ejemplo muy claro con lo que está ocurriendo con el trastorno por déficit de atención y hiperactividad (TDAH) en EE.UU., donde 2 de cada 10 niños están siendo tratando con estimulantes. En este caso sí que se está medicalizando la infancia.

P. ¿Cómo acepta la sociedad española a las personas con trastornos mentales? ¿Estamos superando el estigma?
R. Hemos avanzando mucho en los últimos años, pero por ejemplo en algunas enfermedades como la esquizofrenia, los pacientes, familiares y cuidadores sufren por igual el estigma social de una enfermedad de la que, poco a poco, se empieza a hablar en términos de inserción social y laboral. Las personas con esta patología sufren un deterioro prematuro de su actividad tanto física como mental, que les obliga a vivir al margen de la sociedad, impidiéndoles llevar una vida normal. Su día a día se aleja mucho de la cotidianidad a la que está acostumbrado el resto de la población -estudiar, ir al trabajo o mantener un círculo de amigos estable-, ya que, por lo general, presentan serias dificultades para relacionarse con los demás y disfrutar de las cosas con las que solían hacerlo. Y algo similar ocurre con el trastorno bipolar.

P. ¿Qué hoja de ruta se debe seguir para normalizar la vida de estas personas?
R. En este sentido el papel de los medios de comunicación es fundamental y, a pesar de que existe una guía de estilo salud mental de FEAFES de buenas prácticas a la hora de informar, lo cierto es que se está haciendo ‘regular’. Términos como esquizofrénico o bipolar siguen siendo utilizados con un lenguaje peyorativo – “… es un esquizofrénico”, y todavía hoy se relaciona la violencia con las enfermedades mentales. Por eso es importante que los medios de comunicación se hagan con rigor y responsabilidad.

ESQUIZOFRENIA: DIAGNÓSTICO…

Aunque la edad media del primer diagnóstico suele darse entre los 20 y 25 años, lo cierto es que algunos de los síntomas relacionados con la esquizofrenia, tales como la reducción de la motivación, dificultades en la memoria, el aislamiento o la pérdida del interés en socializar, suelen aparecer a edades más tempranas. “En esta patología, como en el resto de la psiquiatría, son fundamentales el diagnóstico precoz y la intervención temprana”, explicó el experto durante la celebración del 2º Foro Internacional Nuevos Abordajes en el Tratamiento de la Esquizofrenia.

Lamentablemente, no siempre se diagnostica cuando aparecen los primeros síntomas y aquí tienen mucho que ver los progenitores. En algunos casos les frena el miedo al rechazo social y en otros, se debe simplemente a la confusión entre las primeras manifestaciones y los efectos provocados por el consumo de alcohol y de sustancias tóxicas. Y del mismo modo que los familiares aplazan la consulta con el psiquiatra, el tratamiento también se demora hasta muchos años después.

En este sentido, de cara a reducir el impacto funcional de la enfermedad, el profesor Arango apuntó la necesidad de poner en marcha otro tipo de intervenciones, como ajustes en los programas educativos y psico-educación, para desarrollar habilidades sociales o hacer y mantener amistades y entrenar la tolerancia a la frustración.

… Y TRATAMIENTO

Hasta ahora, el tratamiento farmacológico de la esquizofrenia se centraba sobre todo en abordar los síntomas positivos -los más visibles, como delirios y alucinaciones- y la prevención de recaídas. “Las nuevas líneas de investigación ponen el foco en frenar los síntomas negativos y los relacionados con los déficits cognitivos”, explicó el profesor Arango. “Se están estudiando nuevas moléculas que actúan a nivel del sistemas colinérgico, glutamatérgico, estrés oxidativo e inflamación y que pueden mejorar los síntomas negativos y cognitivos. Nuevos hallazgos relacionan la respuesta inflamatoria y el estrés oxidativo con el descenso del volumen de sustancia gris”.

Fuera del campo de la farmacología, “la intervención psicosocial pretende aportar al paciente y su familia herramientas para afrontar la enfermedad e identificar los síntomas iniciales. La rehabilitación tiene como objetivo la reconexión del paciente en la sociedad, como por ejemplo a través de empleo protegido; una de las asignaturas pendientes en nuestro país”, apuntó este experto.

Y aunque los profesionales sanitarios prefieren no referirse a la esquizofrenia en términos económicos, es innegable el impacto que ésta tiene sobre la economía nacional e internacional, derivado de la atención médica y de la pérdida de productividad laboral de los afectados y sus familiares. En 2010, según estimaciones de la Unión Europea, los trastornos psicóticos ocasionaron un gasto de más de 29 mil millones de euros. “La realidad es que las enfermedades mentales tienen una prevalencia y una discapacidad igual a la de otras patologías médicas y ocasionan costes económicos aún más importantes”, añadió el profesor Celso Arango.

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